Viento sobre la CDMX y una leyenda Mexica

Es Ehécatl, el dios del viento que le entregó a la humanidad el amor por amar a la Diosa de la Maguey: Mayahuel. Aquí su historia..

Viento sobre la CDMX y una leyenda Mexica

Consecuencia de veladas advertencias, el cambio climático es el reto más grande que enfrenta la humanidad.  Estos últimos días en la Ciudad de México nos hacen, además de recordar aquella frase en la que Don Alfonso Reyes catalogaba a la CDMX como la región más transparente del aire, pensar en el origen de nuestro Valle de México.

A nuestro alrededor el aire se mueve vertiginosamente, casi con violencia. Esto es producto de un frente frío, pero ¿Quién recuerda un fenómeno de esta naturaleza?

Lo que resulta hermoso y paradójico a la vez es que los nervios de los habitantes de la ciudad están desmoronados, hay una creciente animadversión por los 600 arboles caídos, los 40 postes derrumbados y los 90 espectaculares dañados y por todos los oprobios que el viento causó.

La ciudad tiene miedo y sus habitantes demuestran que el aglomerado citadino los ha vuelto recelosos de los elementos, pero sea esta oportunidad para recordar una vieja leyenda, la leyenda de Ehécatl el Dios del Viento en la cosmogonía mexica, uno de los dioses principales del panteón náhuatl.

Pues bien, este Dios era una variación de la gran serpiente emplumada Quetzalcóatl, y se le conocía como Quetzalcóatl-Ehécatl, una de sus advocaciones. Los antiguos lo representaban con barba y con un ojo fuera de orbita, a veces con dos máscaras, otras, de su cuello prendía un caracol, instrumento que necesita de la presencia del viento para poder oírse. Se presentaba para hacerle camino a Tláloc, Dios de la Lluvia, anunciado la llegada de éste y sus Tlaloques.

Ehécatl se enamoró de una mujer hermosa que a pesar de estar escondida entre los seres humanos era una diosa de inigualable belleza, su nombre era Mayahuel la diosa del Maguey y la borrachera. A partir de ese día Ehécatl le dio al los hombres la capacidad de amar, pues nadie a excepto de él sabia sobre la pasión y la locura que este sentimiento engendra.

El Dios del Viento enamoró a la hermosa mujer y para burlar la vigilancia de su abuela la poderosa Tzitzimitl (el demonio celestial de la oscuridad) se escondió junto a su amada en un árbol, abrazados como dos ramas. Tizitzimitl mandó a los jóvenes hermanos de Mayahuel, los Tzitzimitls a buscarla que fuertes y poderosos lograron reconocer en una de las ramas a su hermana y la rompieron. Quetzalcóatl recogió el cuerpo de su amada y la sembró.

Lloraría por ella y con sus lagrimas hizo que germinará una nueva planta que antes solo existía entre los dioses y que ahora él entregaba a la humanidad: la planta del maguey.

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